Alberto  Martínez  Peña
Estudio de Arquitectura

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CENTRO DE CONVENCIONES Y CONGRESOS EN VALLADOLID

CENTRO DE CONVENCIONES Y CONGRESOS ACADEMIA DE CABALLERÍA, VALLADOLID.
Valladolid es la primera idea que ronda nuestros pensamientos. En el momento en el que empezamos a pensar sobre ello, analizamos las necesidades de la ciudad.

1.- Idoneidad y motivación.
No dudamos ni un solo instante de la necesidad de un Palacio de Congresos para una ciudad como ésta, es más, llegamos tarde. Existen varias alternativas para su ubicación y emplazamiento. Por ello iniciamos nuestro discurso con el análisis de lo que debe rodear a un Palacio de Congresos de Valladolid.
El emplazamiento geográfico de la ciudad, permite que sea un punto estratégico para “la concentración” en la zona mitad-norte peninsular. Además jugamos con la ventaja de la proximidad a la capital de la nación y una rápida y concreta comunicación con la misma. La conclusión sobre estos aspectos nos lleva claramente a situar nuestro centro próximo a los puntos de relación con el exterior. Podríamos entrar en cuestiones urbanísticas de consolidación urbana para concluir que la mejor posición queda cerca del gran intercambiador de pasajeros, en la Estación del Norte (Valladollid-Campo Grande).

La conversión de la Acera de Recoletos en un eje de acceso a la ciudad, hasta el corazón de su casco tradicional. El Campo Grande, la Pza. de José Zorrilla, la calle de Santiago, el Paseo de Isabel La Católica, la Academia de Caballería ¿Qué mejor carta de presentación para la ciudad? Recrear lo que puede sentir un visitante la primera vez que llegue, saliendo de la estación hacia la Acera Recoletos, paseando por su eje central, y admirando a izquierda la frondosa y tupida vegetación del Campo Grande y a derecha la hilera de cuidados edificios de siglos pasados, admirando lo que ve, llegando a la Plaza Zorrilla, donde el Palacio de la Academia de Caballería es la máxima expresión…

La ubicación de los núcleos comerciales existentes, y concentración de locales de restauración y hostelería, suponen un punto de vital importancia que resuelven las expectativas de visitantes y comerciantes. También se trata de potenciar y dinamizar económicamente la ciudad. La concentración de forma intermitente pero permanente de más de dos mil personas, de media, alrededor del casco suponen un punto de revitalización de los flujos urbanos con su consecutiva reacción en la economía de los negocios del medio que lo rodea. Estamos convencidos de que es la ubicación más rentable para la ciudad.
Si Valladolid necesita un Palacio de Congresos, y lo necesita, debe ser en el corazón de la ciudad.Nunca un Palacio de Congresos periférico, desconectado de la ciudad generará la sinergia óptima con el resto de la urbe.

Es la manzana de la Academia de Caballería, sin duda, una situación privilegiada para ello.

2.- Idea de la propuesta arquitectónica. Mecanismos de apoyo conceptual. Programa de necesidades funcionales.
Es la propia idea del edificio la mejor justificación de la implantación elegida. Invertido el proceso proyectual, generamos la idea de forma autónoma, pensando en Valladolid, y no en el edificio o en su implantación. Es un juego experimental para ver qué resultado obtenemos.

Valladolid manifiesta un “grito” de honestidad, de presencia; una reclamación histórica de ser una ciudad de pasado y futuro. Arquitectónicamente anquilosada en lo macizo y en lo masivo, en el ladrillo, la piedra y el enfoscado de mortero, en lo uniforme y en los volúmenes que se imponen y lo subyugan. Su casco es duro, adusto, serio y artificial, o mejor dicho in-natural; tan solo aligerado por las plazas pavimentadas con escasa vegetación. ¡Menos mal que está el Campo Grande! Debemos naturalizar las sensaciones enajenantes de la ciudad histórica. Es una ciudad que se manifiesta orgullosa de ser ciudad castellana en todas sus consecuencias. Como castellanos orgullosos, buenos anfitriones. La dualidad pasado-futuro, tradición-modernidad lo define.

El edificio se convierte en un icono y un punto de referencia; es claro, rotundo y a la vez se difumina, se mezcla con la ciudad. Es leve y ligero. Aligeramos la densidad de la pesada trama urbana, para convertirlo en algo ameno, cercano, paseable. La leve rotundidad implica jugar con materiales y texturas hasta provocar un sentimiento encontrado de propios y extraños. El reflejo, el agua, el río, la luz, la naturaleza pasan a formar parte del conjunto sensorial.

La ubicación queda claramente definida. En el corazón de la ciudad, próximo a los puntos de comunicación con el exterior; próximo al sistema comercial y de ocio más influyentes y preparados para dar la mejor oferta posible de la ciudad, que no es otro que el propio centro urbano. El solar de la manzana de la Academia de Caballería es idóneo porque aglutina el repertorio de características solicitado y se completa al resolver un punto singular de la ciudad, cuyo perímetro actual, las tapias de las calles Doctrinos y San Ildefonso, se presentan duras, incisivas e incómodas.

El edificio se instala en la manzana propuesta analizando cada uno de sus límites y resolviendo de forma singular los encuentros en cada punto. El nuevo contorno manifiesta su propuesta interactiva con la ciudad. La cesión de espacios para la ciudad, en Doctrinos y San Ildefonso, y la recuperación de otros, aunque sea de forma conceptual, justo frente a la ribera del río, generan un conjunto de espacios abiertos que configuran los accesos y a la vez sirven de zonas de esponjamiento para incorporarse a la red de plazas del casco. Se propone un respiro. Esta actitud simbiótica se eleva a la máxima expresión al ceder también para el uso del habitante-ciudadano la cubierta del nuevo edificio. Esta adquiere un doble singular valor como plaza y mirador sobre el río. En este proceso de fusión urbana encontramos un nuevo elemento que se incorpora, y es la generación de un cinturón verde desde el Campo Grande hasta la ribera, hasta el Pisuerga, aprovechando que éste pasa por Valladolid, “a través” y “sobre” el nuevo edificio. Vamos, por fin, a dar la cara al río, vamos a mirarlo y reflejarnos en él. En este afán el edificio extiende uno de sus tentáculos sobre la orilla, gana la ribera, y revaloriza su interior, conectado bajo el Paseo Isabel la Católica con el resto del conjunto. Este apéndice se destina al uso expositivo y de ocio.

Con todos estos elementos el edificio conforma un gran zócalo-basamento de vidrio y vegetación, que son los materiales que llegan y salen desde el suelo. Sobre él, dos piezas emergentes de volumetría sugerente y planta elíptica se imponen sobre los macizos edificios que nos rodean e intentan someter. No competimos con la ciudad colindante, la completamos. Proponemos un “skyline” singular e identificable. Los dos elementos emergentes, que corresponden a las salas de congresos, manifiestamente dorados proponen el reflejo del sol y del resto de la ciudad.

En la noche sucede otro momento expositivo del edificio. Se pronuncian los reflejos y las transparencias del edificio. El edificio se convierte en un gran foco de luz, luz tamizada por la piel sugerente, que expresa la esencia de la nueva imagen. El río juega un papel fundamental; el edificio se duplica para conquistar su entorno inmediato y reflejarse sobre él. Este juego de reflejos y luces hace que el edificio sea diferente de día, de sol o nublado, tomará los tonos y matices cromáticos de la atmósfera para ser un representante más del estado de la naturaleza, o de noche.

El programa completa un edificio mixto donde la interacción de cada uno de los usos permite el funcionamiento continuado del edificio por los ciudadanos.

Los accesos peatonales se realizan a través de las nuevas plazas públicas de esponjamiento situadas estratégicamente en las calles Doctrinos, San Ildefonso y Paseo Isabel la Católica, generando una comunicación fluida a través de grandes corredores interiores. Estos espacios permiten ser acotados según las necesidades y hacer que el conjunto funcione como varios edificios independientes. Igualmente se realizan varios accesos rodados a un parking subterráneo y accesos peatonales a la gran cubierta que se plantea como una plaza que se cede a la ciudad. Las unidades básicas de organización del Palacio de Congresos son, dos Auditorios, con capacidad entre ambos para 3.400 personas, Salas de exposiciones con mas de 4.000 m2 de espacio expositivo, y Salas Polivalentes que cuentan con salón de actos, salas de reuniones y salas de conferencias adaptables a distintas configuraciones y que cuentan con una capacidad de 1.800 personas. El conjunto, que cuenta también con oficina de turismo, cafetería-restaurante, zona administrativa, control, puntos de información, salón para grandes banquetes, zona de cocktail y biblioteca, se completa con la adaptación del edificio de Caballería al uso de Hotel–Parador.

De esta forma la propuesta programática alcanza un valor añadido sobre el propio del Palacio de Congresos, haciendo que el edificio pueda ser utilizado de forma independiente en cada pabellón, y dotando al programa de otros usos cívicos. Es capaz de dar respuestas a otras necesidades propias de la agenda cultural y social de la ciudad, consiguiendo que el funcionamiento del conjunto pueda ser continuado.

3.- Conclusión. El futuro. Valladolid.
Tradición y la modernidad, complejidad y contradicción, fusionadas en un mismo deseo. La voluntad de ser una ciudad que quiere ser referente.
Que esta propuesta sirva también como “grito”. “Grito” de esperanza, de elegancia, de integración, de movimiento, de ambición de una ciudad que quiere volver a ser.

Pero para todo esto, deberíamos encargar el trabajo de “dirigir” y “gobernar” la ciudad a personas cualificadas, preparadas, cosmopolitas, y, a poder ser, que hayan salido de Valladolid algo más que “montar” en una AVE hasta Madrid y volver, como exhibición viajera, o con la iniciativa propia de gobernantes desinteresados de sus propios egos, en beneficio de la ciudad. De momento, a la fecha de esta propuesta, estamos lejos de conseguirlo. Esperemos que el futuro sea mejor.

 

 

Proyecto: CENTRO DE CONVENCIONES Y CONGRESOS
Cliente: CIUDAD DE VALLADOLID
Fecha: 2010
Dirección: SOLAR ACADEMIA DE CABALLERÍA, VALLADOLID.
Sup. intervención: 26.000m2
Presupuesto: 50 millones de euros